Historia de Albuñol

Tras la conquista cristiana, estas tierras fueron adquiridas a la Corona por Don Luis Zapata Portocarrero, recibiendo Albuñol el título de Ciudad. La Expulsión de los moriscos en los primeros años del siglo XVII, supuso el despoblamiento casi generalizado del territorio, que se colonizaría de nuevo con castellanos, gallegos y leoneses.

En el año 1696 los pobladores obtuvieron el permiso Real de roturar y usar las tierras que en su mayoría estaban cubiertas de encinas, por lo que se comenzaron a utilizar las tierras para la labor y nacieron múltiples cortijadas con los apellidos de los nuevos pobladores que, aún hoy, conservan su nombre tales como Los Rivas, Los Gálvez, Los Morenos, etc. Así pues, Albuñol fue creciendo como un pueblo agrícola de tradiciones y costumbres alpujarreñas, que se complementaba con su cercanía marítima.

Albuñol, a finales del siglo XVII, comenzó a vivir su época de esplendor demográfico, agrícola y comercial, ya que las tierras estaban cultivadas de viñedos, higueras y almendros, cuyos frutos eran conocidos por toda la geografía española, y parte del extranjero, ya que se transportaban desde el puerto de La Rábita a distintos mercados nacionales e internacionales.

En 1834 se convierte en cabeza del partido judicial del mismo nombre. A mediados del siglo XIX Albuñol conoció un considerable auge económico, gracias a la producción de vino y pasas que se exportaban al extranjero desde los puertos de La Rábita y La Mamola.

Iglesia Parroquial de San Patricio Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Fue construida en 1616 por el párroco Pedro Mercado. Posteriormente fue reconstruida en 1803 por el arquitécto Juan de Mata Velasco. Tiene tres naves en cruz latina, 12 altares, dos torres y una bóveda en el presbiterio.

En ella se encuentra San Patricio, santo irlandés, sobre el que cuenta la leyenda que aparecio su imagen en las redes de unos pescadores en el paraje conocido como "Peñon de San Patricio", cerca de Melicena, procendente de un naufragio de fieles irlandeses que escapaban de la persecución inglesa. Los pescadores decidieron montar la imagen en un mulo y que donde se detuviera quedase el santo como patrón, y fue en Albuñol.

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